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10º Aniversario del Coro de la Asociación de Amigos del Teatro de la Maestranza - FundaciónHace unos días me llamaron para invitarme a la fiesta de celebración del 10º aniversario del «Coro de la Maestranza». Um, 10 años ya. Yo participé activamente durante los 2 primeros años del mismo y la verdad es que se me agolpan muchos recuerdos de aquella epoca. Dado que el texto me ha quedado largo, esta será la primera parte, donde hablo de la fundación y la época en la que se crea el coro. En sucesivas partes hablaré de los 2 primeros años y el estado actual tras los 10 años Para ponernos en situación. El teatro necesitaba disponer de un «coro residente» que pudiese afrontar el grueso de los compromisos operísticos del mismo. No hay que hacer muchas cuentas para darse cuenta que traer a un coro de fuera, pagarle el viaje, las dietas y el alojamiento a, hasta, 100 coralistas puede ser muy, muy costoso. El teatro tenía dos opciones:
Por el motivo que fuera, al final se optó por este enfoque. Crear un nuevo coro de la nada. No me hubiera gustado haber estado en el pellejo de ninguno del tribunal de las pruebas de admisión. Las condiciones de la convocatoria era llevar preparadas dos arias de opera o zarzuela con su partitura de piano o un pianista que te acompañase. Para el que no esté metido en esto de la música, un aria es una «canción» dentro de una ópera destinada al máximo lucimiento del que la canta. (quizás la más famosa de todos los tiempos es: «La donna è mobile» de Rigoletto). Cantar un aria bien exige mucho del cantante que ha de tener calidad y capacidad. Es decir, la prueba se planteaba dura. Con el tiempo, uno se va enterando de cosas y al parecer, hubo gente que se presentó cantando sevillanas, otros que inconscientes llevaron piezas muy difíles que al no saber música se las aprendieron de escuchar grabaciones de grandes solistas. ¿se imaginan a una persona con voz grave, cantando un aria de Krauss (voz aguda)? Y aquí entra en escena el Maestro LaFerla. Su misión era formar de este grupo heterogeneo un coro. Teniamos un grupo elevado de formación universitaria (que dicen que es equivalente a nivel cultural alto), un grupo de estudiantes del conservatorio, un grupo de personas procedentes de otros coros de Sevilla, un grupo de gente que no sabía nada de leer música de partituras, un grupo de gente que no habían cantado nunca (salvo en la ducha)... La primera tarea emprendida comprendía la elaboración de un lenguaje de trabajo. Desarrollar un vocabulario común que todos entendiesemos. Unificar los criterios. El famoso «cursillo» y su examen final con el Maestro Gandolfi.
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